Amigos espero comentarios que alguna vez sus abuelos le contaron, esas historias que no fueron escritas, no de esas que encontramos en internet, pero que son fantasticas.

Aprovechemos que algunos de ellos todavía quedan vivos, pregúntenle a sus abuelos historias y echos que sus padres le contaron a ellos, antes de que esas anécdotas queden perdidas en en el olvido.

Por favor envien a nachossj@gmail.com y construyamos la historia

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martes, 4 de diciembre de 2007

EL MARISCAL DE LA GLORIA Y LA IGNOMINIOSA TRIPLE ALIANZA

Para la hermana República del Paraguay, el 1 de marzo es fecha en que se confunden la Tragedia indeleble y una Gloria colectiva sempiterna: el aniversario de la batalla de Cerro Corá, según la llama la Historia, pero que preferimos aludir como el último acto de un atroz genocidio, perpetrado por el Imperio del Brasil, el Gobierno unitario de Mitre y el régimen de nuestra República, encabezado por Venancio Flores. Por supuesto que con el patrocinio de Inglaterra, la potencia globalizadota de entonces, que manejó tras bambalinas los hilos de los gobernantes de los actores visibles, para llevar a cabo sus sanguinarios designios.

Desde 1857 el gobierno de Buenos Aires estaba digitado económica y políticamente por Inglaterra, que pretende hacer de Argentina “una avanzada del Imperio Británico”. Apoyo que le retira a Urquiza, respaldado por Brasil, y concluye tratados con ese Imperio para el hipotético (sic) caso de una guerra de Brasil con Paraguay, y éste a su vez lo apoyaría contra Buenos Aires.

Llegado el momento de la invasión de Flores al Uruguay, el usurero brasileño Barón de Mauá soborna a Urquiza –personaje cromosómicamente sobornable- para evitar que intervenga en Uruguay apoyando a los sucesivos gobiernos constitucionales de Berro y Aguirre y a los defensores de Paysandú comandados por Leandro Gómez.

El Presidente paraguayo, Mariscal Francisco Solano López, interviene en apoyo de Bero y su legítimo gobierno. Intercambia correspondencia con Mitre para que retire su apoyo a Flores, pero el representante plenipotenciario uruguayo ante Buenos Aires, el nefasto Andrés Lamas, firma un protocolo con el Ministro de Asuntos Exteriores de Argentina, Elizalde, concluyendo las cuestiones y reclamaciones orientales ante Buenos Aires y nombrando futuro árbitro al Emperador de Brasil, lo que obliga al presidente López a retirar su apoyo al Uruguay. Una vez más Lamas sirve a cualquier gobierno, menos al que representaba.

Con el aval inglés, Brasil invade Uruguay. Mitre consiente, y todos piensan que Paraguay no va a enfrentarse con Argentina y Brasil juntos, para defender la autonomía y soberanía oriental. Craso error de apreciación de la diplomacia británica y mitrista, porque el Gobierno de López presenta en la Legislación brasileña en Asunción una nota del 30 de agosto de 1864 en que manifiesta que considerará “cualquier ocupación del territorio uruguayo como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”.

Se juegan de esta forma las últimas cartas del drama. Brasil invade nuestro suelo el 12 de setiembre, y a su vez el Presidente López, en defensa del Uruguay, inicia hostilidades ocupando Mato Grosso el 12 de noviembre. Las fuerzas orientales son cercadas en Paysandú por el Gral. Flores y las tropas imperiales de Brasil, y el Gral. Leandro Gómez se cubre de gloria en defensa de la Patria. Vibrantes proclamas de nuestro general inflaman de pasión artiguista y de valor a los abnegados sitiados que resisten en una proporción de 1 a 12 a los brasileños de Mena Barreto, la escuadra de Tamandaré y los hombres de Flores, al que Leandro Gómez define como traidor y vendido, en sus proclamas encabezadas por la consigna “Independencia o Muerte”.

Finalmente el 2 de enero de 1865 cae Paysandú regada por la sangre de sus defensores, y el Mariscal López solicita a Urquiza que autorice a sus fuerzas a pasar por su territorio para defender Montevideo, y ante la negativa de Urquiza, la capital es ocupada por las tropas imperiales el 20 de febrero. Bien señala el historiador argentino José María Rosa que esa fecha fue elegida por los invasores para dejar bien en claro que se estaban cobrando la derrota de Ituzaingó.

Se formaliza entonces la Triple Alianza del 1 de mayo. Flores tiene que pagar tributo al apoyo imperial y argentino y arrastra al Uruguay a participar en la campaña contra el Paraguay.

Ese fue el pago de Venancio Flores al apoyo recibido, bajo la mirada aprobatoria del Ministro inglés Thornton, que deseaba vender las supuestas afrendas del Paraguay a su imperi.

Pero la realidad es que Paraguay era un país floreciente, con estabilidad económica y monetaria, que tenía vías férreas, fundiciones, telégrafo; era una nación próspera, evolucionada y poderosa, lo que era intolerable para los imperios de la época: el británico y su socio menor el brasileño, y para el no consolidado unitarismo xenófilo porteño.

Los aliancistas son derrotados en Estero Bellaco Curupaity, pero a su vez derrotan a las fuerzas paraguayas en Yatay, Boquerón, Tuyutí, etc. Venancio Flores sostiene en la parte de la batalla de Yatay que los paraguayos luchaban como “bárbaros”. Sin duda el término evoca la ideología de otro notorio genocida, Domingo F. Sarmiento, con quien comparte el mismo patrimonio ideológico antinacional y antipopular, proyectado hasta nuestros días en sus numerosos herederos políticos que plagan el continente americano, sostenidos en el poder por obra exclusiva del dinero.

Bien dice Carlos M. Maeso en la obra “Glorias Uruguayas”: “El General Flores equivocaba los conceptos cuando decía que los paraguayos peleaban como bárbaros; los paraguayos peleaban como héroes, como combate quien defiende el suelo de la Patria”.

Finalmente se cierra en Cerro Corá el triste capítulo de la ignominiosa Triple Alianza propiciada por Inglaterra. Allí, con heroísmo, luchan 180 paraguayos contra 4.000 brasileños, inmolándose en defensa de la Patria del Mariscal de la Gloria Francisco Solano López, dos de sus hijos, de 18 y 15 años. Uno de ellos, Panchito, intimado a rentirse, prefiere morir peleando al igual que el Mariscal, con su consigna VENCER O MORIR.

El Mariscal López había cometido un solo “error”, crear un país próspero y de vanguardia para la época, y jugarse en defensa de los intereses supremos de su Nación, que es la ley suprema de todo gobierno genuinamente nacional.

Gloria eterna al Mariscal Francisco Solano López, imborrable en nuestra memoria, al igual que en la de su puebo, y vergüenza eterna para los orientales de la Triple Alianza, para el Imperio de Pedro II y para el unitarismo extranjerizante porteño.

De: Daniel A. Alfonso, Periódico Nación, Año I Nº 4

Dr. En Diplomacia y militante político nacionalista.

2 comentarios:

Administrador dijo...

Soy argentino y buscando más información sobre ésta nefasta guerra me topé con su blog. Lo felicito por el informe y repudio con toda mi alma ésta guerra movida por la ambición, la insensatez y el crimen.

Pablo dijo...

En este mes de mayo de 2011 que los paraguayos festejamos nuestro Bicentenario, surgió un gran interés en conocer no sólo nuestra historia sino también la historia que cuentan nuestros vecinos.

Veo con esperanza que muchos historiadores primero argentinos y ahora brasileños (aunque de parte de éstos hay mucha más resistencia, que ni sus archivos oficiales quieren abrir por la vergüenza que hay escrito en ellos) se interesan por develar las razones verdaderas de aquella guerra genocida que casi extermina al polvo nuestra por entonces pujante y ejemplar nación paraguaya, que construía sus propias barcazas, rieles, telégrafos, tenía su fundición, tecnologías de primer mundo eran montadas aquí mismo dependiendo lo mínimo del exterior, sin esclavos, sin desempleados, sin deudas... parecía un sueño hecho realidad

Una vez un compañero me preguntó ¿Que ganamos con saber que antes éramos los mejores, los primeros en varios aspectos del desarrollo de sudamérica? y le respondí: Porque nos recuerda que podemos volver a ser los primeros y que nuestra "raza" no es menos en nada, al contrario.

Ojalá lleguen los tiempos en que así como a las grandes naciones de europa les tocaron guerras durísimas (aunque ninguna que recuerde estuvo al borde de la extinción) nosotros también volvamos a ser uno como nación, sin divisiones tan absurdas como hoy y empujemos para lo mejor. Esto no es soñar ni un pensamiento idealista tonto, es recordar y volver a recrear lo que alguna vez iniciaron los López y fue realidad en Paraguay hace 150 años...