Amigos espero comentarios que alguna vez sus abuelos le contaron, esas historias que no fueron escritas, no de esas que encontramos en internet, pero que son fantasticas.

Aprovechemos que algunos de ellos todavía quedan vivos, pregúntenle a sus abuelos historias y echos que sus padres le contaron a ellos, antes de que esas anécdotas queden perdidas en en el olvido.

Por favor envien a nachossj@gmail.com y construyamos la historia

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martes, 4 de diciembre de 2007

Bendita la mujer Paraguaya

A las mujeres paraguayas, sinónimas de fuerza y fe, que permanecieron incansables junto a sus familias en las contiendas de la Guerra Grande.


En la retaguardia del ejército Nacional del Paraguay, ayudando a sus esposos e hijos, los siguen una pequeña tropa de mujeres hirsutas, con más aspecto de algún animal salido de la selva que de las niñas y señoras de la sociedad azucena que solían ser. Enfermeras, cocineras y criadas; institutrices, prometidas, mujeres y amantes de señores importantes; hijas de banqueros, pianistas y madres de guerreros guaraní; todas se veían igual.

Sin clases sociales, sin edad, sólo mujeres con los cabellos desgreñados, famélicas y harapientas con la fuerza de un animal salvaje, peleando codo a codo con cualquier hombre como un soldado más.

Tanto así las llamadas “residentas” como “destinadas”

tenían permiso de abandonar las tropas y las batallas. Las residentas eran todas las madres, hijas, hermanas, esposas y amantes que, por el solo efecto de su encarnado amor u odio y sed de venganza, vieron que la patria estaba donde estaba la endeble tropa paraguaya.

Patria ya no era ninguna porción de tierra, ya no pertenecían a ningún lugar físico. Todo lo construido o sembrado había ya desaparecido.

Patria era el espíritu que las empujaba a seguir tirando de los carros con municiones; era lo que las impulsaba a curar los heridos y limpiar mugre y pus de las carnes abiertas de sus vecinos y amigos.

Patria eran sus familias, aquellas que debían ser enterradas en el camino hacia quien sabe a dónde. Quien sabe a donde... muy dentro suyo lo sabían, hasta el niño más pequeño del campamento lo sabía.

Este camino conducía a dos lugares al mismo tiempo, conducía a la perdición de sus cuerpos y su abandono al dolor, y a su vez los llevaba directo a la salvación de sus almas. O al menos eso era lo que creían, y cuando uno cree mucho en algo, ¿esta creencia no se convierte en verdad?.
Las destinadas eran aquellas desgraciadas mujeres acusadas o sospechadas de traición, encubrimiento o complicidad en contra del mismo Mariscal o la causa, que al final de cuentas eran lo mismo. A muchas la desesperación de ver tantas muertes, el deber de protección de sus familias y el temor al futuro las forjó en acero, haciéndolas fuertes guerreras, verdaderas amazonas de su tierra; pero a otras la misma desesperación de ver las mismas muertes, la desesperación del hambre, el abandono y el trabajo a los que muchas no estaban acostumbradas y sobre todo el terror de las torturas y ultrajes al que serían sometidas si cayeran como prisioneras de guerra, las destruyó de tal manera que fueron capaces de planear e intentar asesinar a todos los que fuera necesario para que la guerra terminara.

Los mejores asesinos son los llevados por la desesperación, pues no tienen nada que perder.


(...) ¿Es sacrificio inútil o bárbaro ver a las madres esconder las lágrimas mientras empujan a sus niños disfrazados con barbas postizas a la batalla?

Con su bendición para la muerte y el perdón de Dios por las que causen. Con la promesa de volverse a ver y abrazarse muy pronto, en el mejor y más largo de todos los besos y abrazos, no es bárbaro pelear por la propia vida y enseñar a los hijos a hacerlo, a defenderse y defender su dignidad de ser hombre y mujeres libres.
El lobo hambriento no perdonará a nadie, y a los pocos que sobrevivan les succionarán el mínimo de fuerza que les quede en sus músculos, tirándolos a trabajar como esclavos en los yerbatales, en los algodonales, en sus orgías de terror. Y las mujeres, las que sobrevivan las contiendas, desearán haber muerto que sentir la lascivia infernal de cientos de hombres, de bestias carroñeras.

FUENTE: FRAGMENTO DE LA NOVELA EN PREPARACIÓN " TIERRA GUARANÍ, CÁNTARO DE LA SANGRE ETERNA"

"EL CUERPO DE LA GUERRA DEL PARAGUAY" Alai García Diniz

http://marquesdeolinda.blogspot.com/